Por qué voy a ese “matri”

Cuanto tiempo sin vernos…¿Te cortaste el cabello?
Hace un par de semanas recibí el parte de invitación para el matrimonio de una compañera de trabajo. Ella es amiga de una chica, a la que llamaré Andrea, con la que salí hace algunos años. Entonces me pregunté si era nuestro destino encontrarnos.
En realidad, no llegué a “estar” con ella. Aunque me hubiese gustado (y mucho). Aunque la traté durante año y medio solo salimos “como amigos”, pues ella tenía una pareja en esos días.
Nunca conocí al tipo, pero sentía cierta rabia contra él. Esa rabia picona que hace preguntarte que tiene él que no tenga yo. Por qué los sábados por la noche el miserable tenía la suerte de tenerla entre sus brazos. Por casualidades de la vida estaba solo cuando me enteré que ella había terminado con el infeliz y, casi como jugando, empezamos a salir. Nos llamábamos en las noches, aprovechábamos para estar juntos el tiempo libre que teníamos, nos dábamos explicaciones… hasta que la fregué. Hoy, luego de varios años lo veo todo en retrospectiva y … creo que jugué mal.
Tal vez asustado por haberme convertido en el “amiguito” (Diccionario elemental del GT: huevón: inofensivo a quien las chicas le cuentan todo y que es como una amiga más) jugué mal mis cartas o simplemente me dejé llevar por la inmadurez. La última vez que salimos, el plan era ir a un camping almorzar y regresar a nuestras casas. Esa mañana, al poner un pie en el parque ella se había encontrado con un amigo mutuo, un medio japonés definido por El Ropa (un amigo) como “El chino pepón” y este no había perdido el tiempo en invitarla a su casa. Mientras tanto, yo estaba en mis cuarteles, convenciendo a mi compañero de casa que se vaya a dar una vuelta bien lejos ya que estaba medio ebrio e iba desayunar con ella. Entonces me preocupaba que se ponga a hablar tonterías y haga la situación un poco incomoda.
Cuando me fui a la panadería para comprar el desayuno, los vi a ambos (a ella y al chino, por si se perdieron de la historia) y me acerqué. El chino se dio en retirada y al verme dijo: “La invité a mi casa porque pensé que no llegabas, el buen samaritano se va”. Te he estado llamado me dijo. Upss, deje el celular en la casa, le respondi. Entonces, ella me dijo: Es mi imaginación o éstas celoso… y yo sólo me reí (más por sentirme descubierto que por otra cosa).
El resto del día fue tranquilo. El verse desconectada de Lima y su bullicio le gustó. Cerros, un río y las truchas sazonaron el ambiente. Las cervezas iban y venían. Todo era paz y quietud. Por la noche regresamos; anticuchos y más cerveza sería nuestra cena.
Ella quería ver el parque de noche y no me negué al capricho. En el parque nos encontramos con un grupo de conocidos míos. Esa manada de hienas nos invitaron a una pizzería y estaba seguro (y hasta ahora lo estoy) que tanta amabilidad no era por mi persona sino por mi acompañante. Una de las hienas, perdón, uno de mis amigos es un actor-mago, el otro es el típico amigo de todos y el último tiene una Hummer. Durante las horas siguientes note que la estaban afanando con el mayor descaro. Yo sabia que a ella le gusta conducir y es poco probable que haya manejado una Hummer. Al rato el del Hummer hizo su jugada (¿Vamos por unas hamburguesa? te llevo en mi carro), ella se limitó a negar la invitación y seguir conversando. Eso me hizo pensar que mis reparos eran infundados.
Cuando llego la madrugada la princesa francesa, se encogió en la silla y se acurruco en mi hombro. Yo extendí mi brazo, como para protegerla del frío y un momento despues nos dejaron solos.
De ahí en adelante, la burbuja en la que creía estar, reventó. Por diversos motivos, algunos más tontos que otros, en los días siguientes todo fue discusiones, encuentros tensos y el alejamiento simplemente se dio.
Han pasado varios años de esto y creo que he aprendido algo en ese camino llamado vida que sigo recorriendo. Hace unos meses la ubique por fasebok pero no le he mandado una invitación de amistad. Lo cierto es que pocas veces me he encontrado con alguien que posea las virtudes que más valoro. Claro, conozco sus defectos y también soy consiente que el tiempo maquilla los recuerdos.
Así que he decidido ir al matrimonio por un motivo egoísta, más que participar de este evento tan importante en la vida de mi compañera, quiero ver a Andrea de nuevo. Voy a ir con un amigo que se ofreció acompañarme. Un amigo que estuvo esa última noche.
Espero verla y conversar. Desearle lo mejor y quedar como amigos, cerrar este círculo. Me pregunto cómo estará, que habrá pasado en su vida durante estos años. No me sorprendería encontrarla con una familia ya formada, pues eso es lo que quería desde hace tiempo. Como dije, me gustaría cerrar ese círculo quedando como los buenos amigos que una vez fuimos.

