Un zapato, un sanguche, una chica
Prólogo
Tengo una diaria costumbre: Leer el periódico mientras me lustran los zapatos. A veces, cuando estoy apostado en el puesto pasa una chica de cabello negro con grandes ojos. Siempre vistiendo un uniforme de banco y portando un bolso de universidad privada. La primera vez que la vi, estaba comprando un sanguche. Eso me llamó la atención, ya que ella irradia esa onda “nice” de: “yo tomo desayuno en el ‘Danking Danuts’”, que no encajaba con alguien que llega al trabajo con su sanguche de bolsita… como yo. Debo confesar que tengo otra costumbre, una mala, la de desayunar recalentado. Por suerte la leche con hojuelas no se tiene que calentar.
He visto a esa chica varias veces, sin embargo nunca se me había ocurrido hablarle. A veces me imagino cómo sería una conversación con esta chica. Empezaría algo así:
GT: Hola (¡Estas más fuerte que Sansón!).
Chica: Hola (Eres otro de los tantos que desea estar conmigo. Los hombres son tan fáciles de leer).
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