Paseo a Huari

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Aprovechando unos días libres fui a Ancash. Hace algún tiempo había visitado Huaraz, así que esta vez le tocaba a Huari. La idea era explorar un poco de la sierra del Perú, probar su comida, ver la cordillera blanca, los lagos y las danzas típicas. Un poco de tranquilidad nunca cae mal.
Tras 9 horas de viaje llegamos a la capital de la provincia de Huari; al levantar la vista uno podía apreciar el contraste de las nubes con el cielo despejado. El color predominante de la ciudad es el blanco humo, las casas están pintadas de ese color y además en las paredes han pintado murales. La plaza de armas no es muy grande pero es muy bonita. Destacan los frentes de la Municipalidad y la Iglesia, los otros dos frentes están llenos de tiendas. En una de estas me llamo la atención unas cabezas clavas empotradas; creo que el dueño de la casa es el señor Raul Romero (no ese, otro). Las esquinas de la plaza de armas son llamadas barrios: la Del Milagro, San Juan, El Carmen y San Bartolomé.
Mientras recorría la ciudad no pude dejar de sorprenderme por la modernidad que encontré. No esperaba ver tantas antenas para el servicio de cable satelital, locutorios, restaurantes, discotecas, comercio y una variedad de camionetas 4×4 circulando por la ciudad (adiós tranquilidad).
Fui a comer a El Milagro, un restaurante que me habían recomendado por su cebiche, en donde los precios me parecieron ligeramente elevados; pero teniendo en consideración que la fiesta patronal acababa de concluir, reflexioné sobre la posibilidad de que estaban tratando de aprovechar el turismo (hmmm…. ¿No hay una propaganda sobre eso?). Por la noche fui a la discoteca Rustica que no me pareció de la misma franquicia de las limeñas.
A la mañana siguiente vi que las calles estaban siendo barridas (barridas constantemente). Muchos miembros de serenazgo (vigilantes contratados por las municipalidades) y diversas casa construidas con material noble. Imagino que inicialmente fueron hechas con adobes.
Para ser franco, cada vez me llamaba más la atención la fuente de ingresos de esa comunidad, tal vez se debía a que fui con el prejuicio de que era un área eminentemente rural y que el cultivo en el Perú es mal pagado. La respuesta llegó junto al desayuno: “El año pasado las cosas no costaban tanto. La gente no quiere cultivar sus campos porque no hay jornaleros. Ganan más barriendo las calles. Mira… hay cuatro turnos de barredores”-me dijo un lugareño-. “También hay bastante serenazgo. Es un trabajo más descansado y mejor pagado que cultivar la tierra. La gente se está malacostumbrando”. “La mina-prosiguió- le da al municipio bastante dinero por el canon, entonces la gente prefiere trabajar para el municipio. Han tumbado la municipalidad para construir una de 05 pisos… con la que teníamos estábamos bien. Estos ya no saben en qué gastar el dinero, prácticamente lo están tirando”.
No había definido un plan de viaje pormenorizado, sino más bien, adaptable, ya que en principio no conocía mucho del lugar, salvo el emblemático Chavín de Huantar. Aproveché el día para ir a Marcajilca, unas ruinas geniales, desde donde se puede ver la cordillera blanca.
Al otro día, decidí conocer las lagunas de Acopalca y comí en el criadero de truchas, nuevamente los precios me parecieron un poquito elevados (entonces saltó a mi cabeza una realidad innegable: gano muy poco). De ahí decidí irme a la laguna de Puruhuay, la cual es más grande que Llanganuco y hay tanto botes como Kayaks. El tiempo se había agotado para este foráneo y no me alcanzó para visitar nuevamente Chavín.
De regreso meditaba y creo que hay un boom en el lugar. La minería debe estar dándole recursos a esa ciudad y eso tiene que haber influido en el precio de la comida y los servicios. Me parece bien que haya prosperidad en Huari y a la vez espero que no sólo se dediquen a construir pistas y barrer las calles, ojalá y aprovechen lo que hoy tienen, que desarrollen proyectos de inversión que a la larga les permitan el llamado desarrollo sostenido. Ojalá que el municipio traiga especialistas en agricultura y gestión para que eduquen a la gente. Ojalá que evalúen invertir en una empresa municipal que abarate los costos de transporte de los productos o que desarrollen el cultivo “orgánico” y lo empaquen para su venta a Europa o Asia, dándole el llamado “Valor Agregado”.
No vaya ser como en la época del Guano de la Isla, el Caucho o la pesca en donde sólo pensamos a corto plazo y no se aprovechó en invertir en la gente (Vamos, estoy seguro que si se hubiera hecho estaríamos mejor y si se hiciera en la actualidad nuestros índices de comprensión de lectura serían más altos).
Los recursos no renovables se van a terminar en algún momento y lo que debemos hacer es aprovecharlos ahora, generando alternativas de desarrollo económico, con el llamado Valor Agregado.
Mientras no se invierta en educación vamos a estar condenados a importar tecnología, porque sencillamente somos incapaces de desarrollarla.
Ojalá y no suceda como en la historia de “la hormiga y la cigarra” versión peruana.





November 26th, 2009 at 10:01
Que será de nosotros… el otro día en miraflores vi un moderno barredor, un tipo manejando un carrito al que le sale un tubo que va succionando la basura. Cuando hace como 6 años vi eso en estados unidos, nunca pensé que llegaría al perú donde extrañamente a la par de los carritos succionadores, en otros distritos todavia se barre con una hojasa de árbol! La ilusión de prosperidad me asusta.
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Gato Techero Reply:
November 29th, 2009 at 20:03
Hola Marines,
Lo ideal seria que todos tengamos las mismas oportunidades, pero es ya otro tema.
Gracias por visitar y comentar,
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