Un zapato, un sanguche, una chica
Prólogo
Tengo una diaria costumbre: Leer el periódico mientras me lustran los zapatos. A veces, cuando estoy apostado en el puesto pasa una chica de cabello negro con grandes ojos. Siempre vistiendo un uniforme de banco y portando un bolso de universidad privada. La primera vez que la vi, estaba comprando un sanguche. Eso me llamó la atención, ya que ella irradia esa onda “nice” de: “yo tomo desayuno en el ‘Danking Danuts’”, que no encajaba con alguien que llega al trabajo con su sanguche de bolsita… como yo. Debo confesar que tengo otra costumbre, una mala, la de desayunar recalentado. Por suerte la leche con hojuelas no se tiene que calentar.
He visto a esa chica varias veces, sin embargo nunca se me había ocurrido hablarle. A veces me imagino cómo sería una conversación con esta chica. Empezaría algo así:
GT: Hola (¡Estas más fuerte que Sansón!).
Chica: Hola (Eres otro de los tantos que desea estar conmigo. Los hombres son tan fáciles de leer).
…
Un viernes cualquiera
Estaba leyendo las aburridas noticias del Ojo (ya le he dicho al lustrabotas que cambie a Peru21 o Correo pero no me hace caso) cuando en eso un señor interrumpió mi lectura.
Señor: Joven, buenos días. Disculpe, ¿conoce la avenida X?
GT: Buenos días, me suena… pero la verdad no la recuerdo.
Señor: ¿Es por acá, no?
GT: Si, me parece.
Señor: Es que mi hija se va a divorciar y estoy trayendo unos documentos a la municipalidad.
GT: ¿Municipalidad? La del distrito esta por esa calle, está cerca…
Señor: Gracias.
Ya había llegado a la siempre tan realista sección “Historias del Corazón”, cuando:
Señor: Joven, ¿está seguro que la municipalidad queda por allí?
GT: Sí.
Señor: Es que hace años que no vengo a Lima.
GT: (Paciencia, si fuera tu papá te gustaría que lo ayuden). Lo entiendo, yo tampoco conozco mucho de Lima. La avenida que me indica me suena y la municipalidad queda por allí.
Señor: ¿Usted va ir por allí?
GT: No. En realidad yo trabajo a media cuadra, mi ruta no va por allí, sólo vine a lústrame los zapatos.
Señor: Que pena.
Entonces la brisa trajo ese aroma difícil de describir pero que detallo, sin mucho sentido semántico, a continuación: una mezcla de violetas, orquídeas rosas y almizcle de mora que se conjugaban al unísono. Era ella, como siempre, con su uniforme de banco y bolso colgando. Me dije ahora o nunca:
GT: Hola, disculpa, el caballero necesita que le indiquen una dirección, ¿conoces la Avenida X?
Chica: (¿No pudiste encontrar otra forma más original de hablarme?) Sí… queda por allí. ¿Le preguntó al señor de los diarios?
Señor: Si, no conoce…
Chica: Debe ir por allí.
GT: ¡Gracias! Eres muy amable.
Imagino que ella debe haberse dado cuenta que lo mío no era un floro, porque vi en sus ojos una expresión de sorpresa. Lo natural hubiera sido que le hable, pero sólo dije: “Gracias, eres muy amable” y me fui. La próxima vez que la vea la saludaré.





December 10th, 2009 at 16:56
Vaya, va el gato es estratega. Pero, ¿no tenías novia o estoy atrasado de noticias?
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Gato Techero Reply:
December 14th, 2009 at 19:57
Hola César,
Tenía, en el post “El amor en tiempos de internet” más o menos explique que paso.
Gracias por visitar y comentar.
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February 11th, 2010 at 17:31
nortonmarica1845@hotmail.com
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