Santa Clarita Diet (Serie de TV, 2017): ¡Bon… er… Apetit!

No la vean. Eso es lo que les voy a recomendar. O mejor… véanla, pero por absolutamente nada del mundo se les ocurra comer mientras la ven. O un par de horas antes, mínimo. Porque si hay algo que a mi, en mi caso personal, esta serie me ha demostrado es que aun puedo tener asco ante el gore y la temática zombie. Yo soy (repito, cre{ia que era) de los que podían ver una horda de semi putrefactos muertos correteando a Rick, quien les hacia explotar la cabeza a balazos (si, cualquier episodio de The Walking Dead) mientras comía muy tranquilamente mi chaufa y tomaba mi Inca Kola. Pero con esta serie… caray… TUVE QUE DEJAR DE COMER porque me dio demasiado “asquito”. Dice el buen Stephen King, amo del terror y el suspense, que lo que verdaderamente le da miedo a la gente no es un monstruo de dos metros, dos cabezas y dientes de 5 cm, que puede ver en la oscuridad y escupe ácido por sus bocas (si, cualquier Alien) si no que lo que realmente da miedo es cuando una cosa que consideramos natural e inofensiva se vuelve de un momento a otro en algo completamente opuesto. Algo antinatural. Por eso puede darnos mucho miedo cuando el amor que tiene un dueño por su volkswagen, se convierte en el “amor” que un volkswagen tiene por su dueño. Y ya no hablemos de payasos y niños, que se suponen su mejor amigo pero a veces resulta que no lo son. Y así es Santa Clarita Diet… te sacude porque las cosas gore-zombie ocurren en un ambiente normal, de sitcom gringo (recuerden esto es una “comedia de terror” según sus productores), y de repente unos 30 litros de vomito verdoso y con arverjitas lo cubren todo… o nuestra querida protagonitsa le pega una buena mordida en primer plano a una pata de pollo cruda y con su pellejito más… y ya no hablemos de los chistecitos y comentarios que se pega “mamá zombie” de las cosas que se come, de un espantoso y genial mal gusto… un momento, ya vengo… tengo que “regresar” algo que entró por donde entró… ya vine, felizmente almorcé poco. Así que ese es precisamente el plato fuerte de esta serie: su tremendamente bien llevado trabajo de efectos especialeso simplemente criterio y buena fotografía, orientados a matarnos del asco; seguido por una impecable trama que, al menos yo, nunca he visto antes; y cerramos con una impecable actuación de su pareja principal a la que le toma minutos convencernos que son muy reales y están muy metidos en su realidad (Drew Barrymore como Sheila Hammnond y Timothy Olyphant como Joel Hammond). La señora Souma y yo hemos quedado en seguir viéndola, pero sin comida de por medio.

Joel y Sheila Hammond son agentes inmobiliarios y residentes en Santa Clarita, en la periferia de Los Ángeles. Su vida no es perfecta pero está por encima del promedio y tienen una hija que es un problema, como todo adolescentes, pero tampoco es para tanto. Como agentes que son tienen buenos y malos días, pero en general cumplen con la cuota y su vida marital… es lo aburrida que se espera que sea, pero ellos aun se quieren bastante. Sheila se pregunta a veces… solo a veces… si le gustaría tener una vida más arriesgada, más llena de acción… con sexo a lo bruto… o comprarse una camioneta carísima solo por sentir la potencia de su motor. Pero no, los Hammond son en general una familia ligeramente arriba del promedio viviendo una vida común, pero cómoda. Hasta el día que Sheila se siente un poco mal… y luego empiezan a pasar cosas… y otras cosas… y cosas que salpican también pasan… y… se muere. Al manos eso nos dice la idea general que debería tener un corazón que late. Y sangre de esa que es líquida y mancha. Ahora Sheila ha cambiado y está decidida a hacer todas esas cosas extremas e impulsivas que siempre se prohibió; y ademas tiene hambre. Mucha hambre. Al principio le iba bien con comer carne cruda molida, pero poco a poco se está convirtiendo en una gourmet y quiere que su menú sea más rico en proteinas. Hombre que quiere comer carne cruda de humano recién muerto, de preferencia si lo manda al otro barrio ella misma. Fresquita. Fuera de eso, sigue siendo la misma Sheila Hammond de siempre, versión 2.0.

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