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Tron (1982): hágase la luz
La memoria es una convenida. A mi la mia me decía que TRON era muy parecida a lo que se estaba viendo de Tron: Legacy en estos días, solo que un poco menos colorida y algo viejucha. Y como hace más de 20 años que la vi (increible que esta afirmación sea rigurosamente cierta) en la tele peruana, pues me animé a verla nuevamente como para ir poniéndome al día con la historia antes de ver “El Legado” puesto que no recordaba casi nada excepto las motos de luz y que el juego como tal me recordaba a Surround de la consola Atari (orgullosa reina de los videojuegos en mi chiquititud). Como dije la memoria maquilla todo con los cosméticos de la nostalgia y lo que encontré vaya que entraba en contradicción con lo que me esperaba. Y pensar que esta película es una de las primeras en hacer un uso intensivo de los efectos especiales digitales y fue considerada todo un hito en su época por ello. Razón por la cual toda una generación de jóvenes la erigió como un clásico a pesar que su recaudación fue un fracaso total. Y es que valgan verdades como película es bastante flojita, avanza a trompicones con unas actuaciones muy bajas y un guión que se entretiene demasiado en la tecnología utilizada en vez de tratar de ser por lo menos inteligente. Osea que si la van a ver tomen en cuenta que representa todo una estética y un estilo completamente diferente a lo que vemos hoy en día (pero eso tampoco justifica los problema de ritmo y narración). En estos lejanos día las justificaciones y los supuestos para una película de ciencia ficción eran sencillos y más ficcionales aun que el propio film. La gente se estaba reponiendo de la llegada del hombre a la luna y las computadoras personales aun no empezaban a extenderse, eran un lujo de determinados sujetos que conocian las largas lineas de código con que se las operaba. Por ello cualquier rollo tecnológico a medio mascar podía ser tragado sin dificultad por una sociedad para la cual todo era nuevo e incomprensible. Hoy en día las películas de ciencia ficción deben estar asentadas sobre una base sólida de ciencia o por lo menos parecer creibles. Los jóvenes manejan gadgets portátiles cuya capacidad de procesamiento y almacenaje hacen palidecer a los equipos con los cuales se “programó” está película y que eran lo último de lo último en sus tiempos. Cuan simple e infantil nos parece Tron vista desde casi 30 años en el futuro. Lo curioso es que no se van a necesitar otros 30 años para que su nueva versión nos pareja igual de simple e infantil, a la vista de lo rápido (más de lo que debiera) del avance tecnológico actual. Un rollo totalmente aparte es la lectura acerca del significado de divinidad que se le puede dar y que comparte con su secuela. Me sorprende que no nadie se haya quejado.
Kevin Flynn es un joven programador que trabaja en ENCOM, una compañía de videojuegos. Recientemente fue echado de ahí tras que le robaran sus juegos, con los cuales ahora la compañía está llenándose de dinero. Usando su habilidad Flynn trata de meterse una y otra vez a los servidores de ENCOM en busca de los archivos originales con su nombre, para demostrar que le fueron robados. Pero en los servidores de ENCOM se encuentra una inteligencia artificial llamada Control Maestro quien utilizando un cañón láser digitaliza a Flynn y lo inserta en un mundo digital, el cual es paralelo al nuestro y en donde toda la programación ha adquirido “vida propia” y los programas se comportan como individuos. Donde todo es regido por Control Maestro. Allí Flynn conoce a la personificación de TRON, un programa diseñado para vigilar y controlar a Control Maestro y que fue diseñado por un amigo suyo. En compañía de TRON, Kevin parte rumbo a la central de Control Maestro para tratar de detenerlo para poder volver al exterior.

































































