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Valkyrie Drive Mermaid: la teta asustada (o una historia en donde los pechos lo son todo)

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En mis navegaciones por la web, allí donde ningún otro perro negro ha llegado, vengo viendo muchas pics de este anime… del cual es bastante obvio decir lo siguiente: otro jodido anime de chicas demasiado despachadas, que pelean entre si con inverosímiles poderes y ropa muy diminuta que parece estar hecha parcialmente de adamantium. Si, de esa que se destroza casi por completo, pero se sostiene con ferocidad de “allí” y de “esos dos de allí” también… pero antes de continuar con el… comentario… que pienso hacer de esta serie, hay algo que conviene decir: en Japón existe un comité de censura para los contenidos televisivos, el cual restringe de manera efectiva lo que se ve y no, por que se ve y por que no, y sobretodo donde se ve y a que hora. Lógicamente los japoneses han encontrado decenas de maneras de saltarse las restricciones en estricto cumplimiento de la ley, pero valgan verdades se cumple lo que la ley dice. Por ejemplo, una restricción muy específica que viene al cuento: no se puede poner ni vello púbico, ni axilar, ni pezones u órganos genitales en la animación. Osea que puedes presentar una mujer perfectamente desnuda en un anime para TV, sin importar el horario o segmento, en tanto este desnudo no tenga nada de lo mencionado. Una simple silueta completamente asexuada. Como las viejas transformaciones en Sailor Moon, digamos. Y, volviendo al tema, aquí es donde me sorprendo: esta serie no solo tiene pezones claramente dibujados, sino que son una colección de pezones en todos los tipos, colores y tamaños como se ven en la naturaleza. Me queda pensar que este matroteto… digo, anime… es de esos que se pasan en servicios de streaming o canales premium (pero yo no pagaría por esta vaina ni aunque me golpearan) y por ello sus restricciones son menores. Señores, Valkyrie Drive Mermaid es uno de esos animes que quizás no deberían suceder.

Para arrancar tenemos aquí el típico vicio del anime clichetero de comabtes y ciencia ficción que apuesta a ser interesante en base a tratar de atarantarte: una buena lista de palabras extrañas en latín o inglés, las cuales son sacudidas en una cajita para que se mezclen y luego nos son presentadas como sonoras, profundas, peligrosas, mágicas o lo que quieran. Incomprensibles, pero resultonas. Luego una High Tech bien HT y algo de amenaza genética-biológica para estar a tono con los tiempos… si, un virus de esos. Y por supuesto, narrativamente nadie nos explica absolutamente nada porque se supone que así es más “cool” y porque los “secretos de la trama” se revelarán luego. Y así llegamos a la parte conchuda del asunto: esta serie es yuri, todo lo desbordantemente yuri que se les pueda antojar. No hay hombres en ella (al menos hasta más o menos la mitad de temporada que alcance a ver antes de rendirme) y las chicas que vemos, se la pasan prodigando sus afectos entre ellas. Lo cual, per se, no es que tenga nada de malo sino que simplemente notamos que a quien se le ocurrió esta historia simplemente decidió que más divertido era el yuri, de pasadita que impacta más y vende mejor. Pese a todo lo dicho, podría sobrevivirse a toda esta vaina a base de asumir que el anime es así y que la mayoría de las veces no se caracteriza por ser inteligente. Que apela a la simple “diversión x escapismo”. Hasta que llegamos a la parte de la reclamada de poderes. Les explico primero: en esta serie hay una isla, a la que van a parar mujeres expulsadas del mundo por ser portadoras de un virus. Este virus (créanme que me voy a ahorrar todo el pajoneo de nombrecitos raros en latín) les da ciertos poderes en realidad: a unas las convierte en armas y a otras en portadoras capaces de utilizar dichas armas. Lógicamente tiene que haber cierta sincronización entre arma y portadora, para que pueda trabajar juntas y combatir. Y así llegamos a las dos más recientes parias acabaditas de llegar a la isla: Mamori Tokonome, una chica de 16 años pero de apariencia de ocho años, y con un par de pechos que no le vienen a cuento al fenotipo; y Mirei Shikishima, una chica de 15 años pero apariencia de 25 y un cuerpo de esos que han originado conflictos armados internacionales. Y claro, la enana además de parecer de ocho se comporta como de diez, y la grandota no habla mucho pero tiene claro de que va activar el poder de la otra: señores… suenan trompetas… arriba las manos… para que una de estas chicas se convierta en arma tiene que ser sometida a una intensa excitación sexual, por lo cual se la debe estimular directamente en sus zonas erógenas. Para el caso de Mamori y Mirei esto significa besos, con lengua (en serio, se ven las lenguas), sincronizar sus pezones (dos y dos) como solían hacer Gokú y Vegeta para la fusión y que Mirei se ponga todo lo malcriada que quiera con “salva sea la parte” de Mamori. Eso si, esto último por encima de la ropa… no me imagino porque se podrían poner recatados a esas alturas, pero así sale en la animación. Terminada la… bueno, invocación para llamarla de algún modo, Mamori se convierte en una espada. Obviamente ya me va diciendo alguien como de viable es andar de calentón y toqueteo en medio combate, cuando tu contricante te dispara y lanza cosas pesadas u objetos punzo cortantes. Pero vamos, es un anime de hermosas chicas, poca ropa pero indestructible y una gran líbido, que combaten. Y yo que pensé que que con Seikon no Qwaser ya habiamos tocado fondo en este rubro… (¿Si se acuerdan, no? ¿ese anime en el que el poder para luchar se obtenía de tomar leche humana tomándola directamente de la fuente? ¿Ah, no sabían?).

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