Posts Tagged ‘Infectados’

Van Helsing (series de TV): Solo una mordidita

A ver… voy a decir algunas cosas al vuelo, de manera corta y rápida y ustedes (incluso los que se den cuenta de que me “estoy equivocando”) harán de cuenta que tengo razón y así podré partir de un punto más o menos seguro para poder comentar esta serie y a ver si consigo que se vean un episodio, que está muy buena. La primera: encarnaciones e historias de vampiros, y de Drácula, hay muchas… desde el personaje histórico verificable en el que se basa el personaje literario, hasta a cierto vampirín demasiado chisporroteante y “chin chin” del que prefiero no acordarme. Libros, películas, series, videojuegos, comics, mangas, animes… lo que quieran, todos tienen historias de vampiros. En muchas de ellas nos hablan de la familia Van Helsing, la cual en resumidas cuentas intenta destruir al mítico vampiro y a sus huestes por completo, y estos Van Helsing han sido de todo tipo, y por generaciones, desde simples y poderosos guerreros a connotados sabios que lideran grupos para combatir a los chupa sangre. Hay tantos Van Helsing como historias de vampiros hay (y que casi podriamos decir que una buena historia de vampiros sin un  Van Helsing para poner el orden, no es una de las buenas). Y así llegamos a esta serie del canal SyFy que Netflix acaba de poner a disposición al mismo que se confirma ya una segunda temporada. Trece episodios la primera, trece episodios la segunda, creo. Otras verdades de Perogrullo: un vampiro no es un zombie, es un “infectado”, esta mucho más cerca de estar “enfermo” que de ser un fiambre andante. Se puede ser infectado sin morir o luego morir y volver a la vida aun como infectado. Un infectado, en este caso un vampiro, puede ser “sanado” bajo circunstancias muy específicas (matar el foco de infección, por ejemplo) pero si te mueres infectado y retornas, ya no hay nada que hacer, te conviertes en “nosferatu” (no muerto) que si está bastante cerca de ser zombie, excepto por (regla muy importante que separa claramente a ambos universos): todos los zombies hechos y derechos han perdido casi toda su capacidad cerebral mayor, viéndose reducido a los imperativos del instinto y de todos esos al más básico e importante: comer. Se come para sobrevivir, lo que en el caso de los zombies es una vaina porque ya están muertos, así que más bien “sobremorirían”, y no se anden riendo que la cosa es seria; si bien el zombie no digiere lo que come si que se alimenta; está en estado de putefracción avanzada, o incompleto, pero es muy fuerte y peligroso (especialmente si forman “manadas”) ya que no sienten dolor (ni tampoco necesita tener todas las tripas para poder moverse) así que un montón de zombies hambrientos, “todo terreno”, que no pueden ser curados, ni son capaces de pensar, a los que no les duele nada, son una cosa bastante terrible con la cual cruzarse. En cambio el vampiro promedio es más insidioso: puede estar vivo o muerto, parecer normal (ligeramente pálido), tomar comida y bebida normales (en poca medida porque les da mucho asco), estar a la luz del sol (solo al mediodía según la tradición) y libres toda la noche (o cuando acaba el crepúsculo) y por todo ello son un enemigo formidable porque casi no se diferencian de nosotros. Además su condición de “infectados” suele darles sentidos aumentados, fuerza sobrehumana y (nuevamente según la tradición) poder comunicarse y dar órdenes a animales inferiores, “débiles mentales” (locos, “disminuidos”, personas con daño cerebral o enfermedades mentales severas como la depresión) y a aquellos a los que haya “infectado” (o de plano convertirse, adquirir, su forma… me refiero a tomaer forma de animales como perros, gatos, ratas, cuervos,  etc… y muy especialmente murciélagos y vampiros). Otra más de la tradición: según ella se vuelven muy atractivos físicamente y de personalidad encantadora y subyugante, un humano normal, cualquiera, caería en su control solo por sus “encantos”. Pero la peor de todas es que claramente son capaces de mantener su nivel de pensamiento y conciencia intactos, y en algunos casos de aumentarlas. Un vampiro puede ser más inteligente, puede pensar, seguir órdenes complejas, decidir, comparar e incluso tomar sus propias desiciones. Luchar con  fuerza e inteligencia, planear con estrategia y ejecutar jugadas complejas. Por eso son más peligrosos, porque no solo no los reconocemos, sino que en general podriamos decir que son mejor que nosotros. Un predador por encima de nosotros y que se alimenta de nuestra sangre (pequeño detalle que no parece agradarles desde el punto de vista intelectual, pero son muy conscientes que morirían si no beben sangre). Y de todo esto va Van Helsing, un más que interesante ajustón a las tradiciones vampíricas clásicas (y de los Van Helsing) con fondo post apocalítico-futuro-cercano para darnos una historia bastante fresca y curiosa… pero sin llegar a romances edulcorados y montañeses, entre una chica que es francamente idiota y un vampiro que más parece Tinkerbell con tanto brillo y miradas-sileciosas-que-matan-y-que-conste-que-no-te-chupo-la-sangre-porque-soy-bueno.

El año es 2019. Hace dos años la humanidad vivió un evento de escala global al que ahora se conoce como “The Rising” (El Levantamiento) en el cual los vampiros aparecieron y tomaron el mundo para si, dejando a la humanidad al borde de la extinción, solo con la categoría de alimento. Y mientras esto pasaba, desde hace seis meses un solitario marine está apertrechado en un hospital cuidando de una mujer en coma, y en compañía de una doctora convertida en vampiro, a la que alimenta con su propia sangre porque ella podría explicarle que debería hacer a continuación si  consiguiera hablar, claro. Está solo, sin ideas y con una orden ad infinitum: cuidar de la doctora y de la mujer en coma, que se llama Vanessa Van Helsing, mientras que tras las puertas el mundo literalmente se ha ido al infierno.

 

Train to Busan -Estación Zombie- (película): un solo destino una sola parada, morir

Ha sido un gusto ver esta película, que con mucho tino y cuidado; y que de manera absolutamente extraña aparece en nuestra cartelera. Osea, es una película coreana de este año, que se exhibió en Cannes y que obstenta el record de taquilla para su país, Corea del Sur, con más de diez millones de espectadores, y que en un medio actualmente saturado de “cosas zombie”, presenta una historia y unos conceptos frescos y renovadores. En serio me ha sorprendido gratamente no solo por su dirección, frenética y acertada, sino por lo bien que consigue transitar por el universo zombies y sus “clicces”. Puede que eso sea su primer gran logro, que a nivel de canón zombie (por lo tanto aceptación de los fans) hay muy poco pero muy poco para quejarse: la película respeta los principales principios del mundo zombie y se alimenta a si misma con detalles muy típicos de la narrativa oriental. Por ejemplo, una premisa clásica: entre más cerca te muerden de la cabeza, más rápido te conviertes, y si la trama empieza a prestarte mucha atención, eres el que sigue en la lista de butifarras. Pero lo que tiene de muy interesante, y me encantó, es su propuesta de escenario: las circunstancias de un apocalipsis zombie en un tren y sus estaciones, de hecho en un tren bala de alta tecnología y estaciones “vacías”. No se ve eso mucho como escenario y hay que decir que tanto guión como ejecución le sacan el jugo a la idea. Y lo digo yo, fan perdido de los juego de zombies, las películas de zombies, los comics de zombies y todo cuanto tenga que ver del tema.

Seoul, capital de Corea del Sur, una de las ciudades más avanzadas del planeta y de las mejores para vivir. Y al mismo tiempo una urbe frenética y fría, en la que el flujo de negocios y dinero son más importantes que las consideraciones humanas. Como por ejemplo el tiempo que un padre corredor de bolsa debería tomarse para asistir a una actuación en el cole de su hija, donde ella va a cantar una canción dedicada a él. Y también tenemos una ciudad en la que la desesperación por ganar dinero ha llevado a muchas empresas a jugar y experimentar, y entre bajar costos y tratar de ganas más la bioseguridad se relaja y el resultado es un brote de una enfermedad que convierte a las personas en cadaveres hambrientos. Y en medio del caos ahora un padre que apenas si conoce a su hija, promete llevarla hasta donde está su madre, su ex esposa, para garantizar la seguridad de ambas. Eso claro, si no terminan formando parte del carrito de bocaditos de un tren bala.

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