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Los crímenes de Oxford… o ¿ya ven como las matemáticas si son la muerte?

Cuando "2 + 2 = 4" tiene otro tipo de respuesta
El director español Alex de la Iglesia es conocido por películas muy especiales y difíciles de tragar como Perdita Durango (1997) o El día de la bestia (1995) con las que comprendemos plenamente esa expresión española “tener mala leche”. Es un director premiado (varios “Goya”, el Oscar español) y querido en su país, aunque claro, algunas de sus películas son un pelín difíciles de ver por lo cruentas, contestatarias o simplemente visualmente jodidas. Pero eso sí, muy buenas.
Para Los crímenes de Oxford, De la Iglesia baja un poco el tono y se pone serio para componer un thriller de suspenso de muy buena factura, aunque para mi un tanto enredado. A decir verdad películas (y libros) como éste se basan en la idea de que el espectador admite los supuestos que la trama, y sus personajes proponen, eso es porque son un nudo que alguien hizo y que ahora nos quiere contar como lo hizo, pero así como con el nudo gordiano, en realidad hay otras formas de solucionar la situación, pero si nos las planteamos rompemos el pacto narrativo con la historia y simplemente sería mejor ir a hacer otra cosa. No funciona. Debemos siempre “creérnosla”, admitir que no sabemos de lo que se habla y que los personajes encargados de desentrañar el misterio lo hacen por su profunda intuición, amplio conocimiento… y porque leyeron el guión, caramba. De no ser así lo que vemos es sólo una farsa, en la que por maravilla de maravillas (y al igual que McGyver) ¡oh, casualidad! todo está dispuesto para ser visto y usado, pero nadie lo ve, excepto el protagonista.Y creo que es ahí donde se enreda el director español, en esta adaptación de la novela Crímenes Imperceptibles del argentino Guillermo Martinez. Aunque supongo que parte de este problema tiene que ver con la novela original y su posterior adaptación, se sienten los acertijos y sus soluciones como que muy jaladas de los pelos, justo al borde de la oscuridad total por exceso de misterio. Las peroratas son largas y el sustento es flojo, aunque la película fluye, no con ella fluye la historia. Las referencias a matemáticos y sus historias son interesantes, pero al igual que con el Código Da Vinci se van amontonando para luego no regresar a ellas, una pila de interesantes frases para colaborar con el ambiente, pero nada más.
Martín (Elijah Wood), un estudiante estadounidense, llega a Oxford para tratar que el profesor de lógica Arthur Shelton (impecable John Hurt), acepte dirigir su tesis, basada principalmente en sus ideas. Para ello renta un cuarto en casa de la señora Eagleton, antigua amiga de Shelton. Pero poco después de llegar Martín se dará cuenta que una serie de personalidades extrañas y enfermizas rodean a Shelton, quien además es muy pagada de si mismo y no acepta discípulos. Cuando Martín piensa que ya todo está perdido para conocer al elusivo profesor se encuentran en la puerta de su casa, y dentro de la casa el cadáver de la señora Eagleton. Ahora ambos ponen manos a la obra pues este asesinato parece ser el primero de una serie, la cual se está dando por unos símbolos, pero que además se cometen sobre conocidos de Shelton y con “pequeños errores” casi imperceptibles que han sido hechos adrede para demostrar que pudieron serán crímenes perfectos. ¿Podrán alumno y profesor encontrar el sentido de la serie de símbolos y así poder evitar el siguiente asesinato?
A mi me quedó claro la identidad del asesino desde el primer momento, con tres claves que se muestran directamente: 1. Beth dice que “Shelton prefiere a las jóvenes”, 2. Beth llora mientras toca el violonchelo, y 3. Sheton le comunica la noticia de una manera peculiar y la reacción de ella no es la adecuada, es más bien de alivio. Así, una vez más, me pasó algo que me ocurre con las películas de suspenso, al poco de empezar se me mete en la cabeza la resolución de la historia y en vez de ver la película con calma, trato de probar mi teoría. A veces le achunto a la respuesta, a veces asesinan a mi “favorito” a mitad de película, a veces quedo como un tonto con mi explicación. Pero supongo que para eso también son los thriller ¿no? para andar haciendo conjeturas en vez de dejarse llevar.
































































