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Karoshi: matarse trabajando (de una manera muy literal)

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¿Se acuerdan que hace algunas semanas hablábamos del inemuri? esa costumbre japonesa que no explica porque vemos en el manga y el anime gente durmiendo en salones y reuniones de trabajo sin que a nadie parezca importarles. Pues hoy seguimos por ese lado y les presento el karoshi, un mal muy real en Japón del cual el primer caso registrado es de hace 30 años. Consideremos algunas cosas: una semana laboral en Japón es de 60 horas, mientras que aquí en Perú es por ley no más de 48 horas, y países europeos del primer mundo, luchan por bajar la semana laboral a solo 20 horas y que en su mayoría sean en casa. En Japón la obsesión por la productividad, la excelencia, el trabajo y el esfuerzo son algo muy pero muy real, que se pone en una posición muy complicada cuando consideramos el poco roce social que estos horarios dan para los trabajadores (osea, irse de juerga con los patas de la chamba o meterse un atracón en algún restaurante con los amigos) aunado a lo ya de por si aislada que es la personalidad del japonés promedio y ¡BAM! tenemos un extraño mal que asola al Japón de manera casi exclusiva y que es todo un problema de salud pública sin solución.

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Yo siempre digo que trabajar es un flujo, que el trabajo nunca se acaba, que pasas de una cosa a otra y que por lo tanto quedarse hasta tarde trabajando es válido solo si aquello es realmente urgente, sino lo es lo idea es temprano en la mañana organizar lo que quieres hacer ese día y tratar de irse no mucho más tarde de tu horario de salida habitual. En Japón no. Te vas cuando supuestamenter has acabado y a veces no has acabado porque el montón de trabajo que querias hacer ese día era realmente grande. Para el caso del karoshi, los especialistas médicos afirman que esa mala costumbre tiene origen en la sociedad japonesa post segunda guerra, la de la reconstrucción y ocupamiento, en la que la sociedad japonesa siempre orgullosa, sabia y triunfadora, tuvo que tragarse varias cosas en su sique colectiva: haber perdido la guerra, ser bombardeados y tener que aguantar a una tonelada de gringos y tursitas que no respetaban sus ideales y costumbres; con muchos de sus jóvenes adquiriendo conductas foráneas. En ese momento nace la idea de trabajar mucho para volver pronto a ser el Japón de siempre. Solo que nadie pensó que eso podría convertirse en muy pero muy poco tiempo en un problema de salud.

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Para hacernos una idea: el ministerio de salud japonés reconoce al karoshi como algo real y toma cada año diferentes medidas para tratar de bajar su tasa de incidencia. Si trabajas más de 15 horas sentado por semana allá, recibirás amables recordatorios de no “esforzarte tanto y cuidar más tu salud” de parte del ministerio, que en su mayoría de los casos son tomados por los trabajadores como indicaciones de “esforzarze mucho más sea como sea”. Japoneses, son complicados. Y aquí va empeorando la cosa: la crisis financiera de los 90 aumentó el karoshi a niveles alarmantes y casi epidémicos, y al mismo tiempo creó nuevas generaciones de niños que vieron a sus padres trabajar hasta morir (literalmente) entendiendo que ese era el tipo de esfuerzo que ellos tenían que realizar para estar a su altura (¿dije que los japoneses son complicados? si papá murió trabajando, yo tengo que estar a la altura de él para que mi vida tenga sentido). Y aunque los médicos reconocían el problema como real, no podían identificarlo de una manera lo suficientemente específica como para combatirlo (o lo que es lo mismo, no era tan simple como mandar a todo el mundo a su casa a la hora correcta… empezando porque no se iban a querer ir). La cosa iba así a principios de los noventa: los oficinistas caían como moscas, muriendo por diferentes causas, que al juntarse daban como resultado muerte por exceso de trabajo. Solo se establecía que morías por eso, cuando ya te habías muerto. Morías de un paro cardiaco, de insuficienia respiratoria, de una caida mortal del ázucar o al alguna émbolia fulminante en algún órgano, pero cuando los médicos te hacían los estudios, iban a sumando cabos en tu expediente y en algún momento declaraban karoshi. Y así andan desde 1987, que fue cuando el karoshi fue reconocido oficialmente. Morir por exceso de trabajo era morir por una combinación mortal de stress, mala alimentación, falta de sueño, presión laboral y enfermedades pre existentes como males cardiovasculares, respiratorios, diabetes, obesidad y la lista sigue y sigue. Bueno, ahora pìensa un poco en el karoshi, la próxima vez que te quedes en la chamba sin hacer nadas en específico solo porque una vocecita te dice que te quedes solo un poco más por si alguien necesita algo o pasa algo…

Re:Zero kara Hajimeru Isekai Seikatsu (Serie de TV): el eterno, y mortal, repetir de los errores

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Es curioso que justo me haya puesto a jugar en mi PS3 con Life Is Strange, la señora Souma se haya puesto a ver un anime shoujo llamado Orange (del que ya les hablaré porque es muy interesante) y que yo haya decidido (luego de muchas sugerencias) ponerme a ver Re:Zero… y que resulte que las tres cosas tienen como trasfondo los viajes temporales y sus paradojas. Y especialmente la ironía que suele deducirse de “cambiar algo para cambiar algo originando el primer cambio que no hubiera cambiado si no hubieras querido cambiarlo” que es de mis paradojas temporales favoritas. En el caso de “Re:Zero – Reiniciando la Vida Desde Cero en un Mundo Diferente” (estos animes nuevos y sus nombres kilométricos que además son spoileros) tenemos una serie de animación de primer nivel pauteada para 24 episodios (está actualmente en el aire), obra del estudio White Fox, y basada (otra vez) en una saga de novelas ligeras escritas por Tappei Nagatsuki, que a la fecha ha acumulado ocho entregas. Pero lo interesante de Re:Zero es su historia, que a pesar de estar llenas de clicces y lugares comunes (chico tras chica bonita, en un mundo tipo juego de rol, y rodeado de bellas chicas interesadas en él, etc, etc, etc) resulta que no deja que te la tomes a la ligera ni poco en serio. Muy rápidamente cada episodio puede retorcerse bajo sus premisas y lo inesperado aparece y te da en toda la cara de frente, además que su personaje principal puede tomar inesperadamente una “ruta diferente” a lo que podriamos hacernos pensar y vemos resultados extraños a sus acciones. Así que lo que en apariencia puede ser un “harem-en-mundo-mágico-medieval” termina dejándote intrigado al final de cada episodio y deseando saber más de lo que pasó o podría pasar en la historia.

Subaru es un “hikikomori”, un joven que terminado el colegio no ha conseguido entrar a la universidad ni tiene un trabajo. Solo se dedica a marmotear en casa de sus padres y a jugar pensando en una vida mejor, que no necesariamente significa tener un empleo, un departamento y una novia. Una noche “muere” atropellado y al despertar está en un mundo que es calcado a sus juegos de rol. De inmediato Subaru piensa que todos sus deseos se han cumplido y que va a vivir la vida que siempre ha querido… pero no es exactamente así como van a salir las cosas. Subaru descubre muy rápidamente que en realidad no está preparado para tener aventuras ahí… y muere… y al despertar está en un mundo que es calcado a sus juegos de rol… De inmediato Subaru piensa que todos sus deseos se han cumplido y que va a vivir la vida que siempre ha querido… un momento… eso ya lo vivimos… ¿que ha pasado aquí? Subaru descubre que el poder que ha recibido al llegar a este nuevo mundo le permite rebobinar su muerte e intentar de nuevo, siendo él el único que recuerda que pasó en su intento anterior. Si consigue pasar el punto en donde muere, ese se convierte en su nuevo punto de guardado. Pero claro, no todo es belleza: morir duele lo que se supone que tiene que doler (especialmente si un asesino te abre el vientre y todo… uhm… digamos… se desparrama) y que el saber que va a pasar no significa que tenga claro que debe o no debe hacer esta vez para que no le pase. De hecho, a la primera seguro que… bueno… uhm… digamos… se desparrama. Y además que las personas y situaciones en las que se involucra el bueno de Subaru no son precisamente de aquellas en que su integridad se vaya a mantener integra mucho rato asi que… bueno… uhm… digamos… se desparrama.

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