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Las historias de dos gatos llamados Oscar
Celebremos un nuevo saGATO (versión “in spanish” de los CATurdays) con la historia de dos felinos peculiares, curiosamente llamados Oscar los dos, que nos reflejan un poco la trascendencia gatuna (a ver… donde han visto un perruno tan mediático como estos dos) que los michos pueden llegar a tener y en especial que lo sobrenatural y el valor ante la adversidad no son patrimonio humano exclusivo.
Oscar, el gato biónico
Hace nueve meses Oscar sufrió un terrible accidente en el que perdió sus patas traseras. Si es horrible salir a la calle y encontrar a tu gato muerto (lo se por experiencia) debe ser aun más horrible encontrarlo inconsciente y desangrándose. Oscar fue salvado y desde entonces ha luchado con su vida, con esa inquebrantable fuerza y anhelo por la vida con la que solo un simple animal puede luchar. Pero esta semana Oscar no solo ha recuperado parte de su vida normal sino que se ha convertido en una celebridad y ha pasado a los libros de historia de la medicina. Hoy, Oscar es el primer gato biónico. Obviamente para el gato recuperar parte de su movilidad ha resultado más importante que el golpe mediático. El veterinario tras la cirugia es el doctor en neuro-ortopedia Noel Fitzpatrick, quien además puso de la suya para el diseño de las protesis, hechas de titanio, únicas en su tipo pues han sido diseñadas exclusivamente para Oscar (se entiende que todo este procedimiento es 100% experimental). El caso ha causado tanto interés que la BBC ha preparado una serie titulada “El Veterinario Biónico”, en la cual se muestran los trabajos del veterinario Fitzpatrick que así se convierte en la vanguardia del uso de protesis en animales. Oscar es el caso del primer episodio. El problema con los cuadrúpedos es que pueden tener una calidad de vida aceptable con tres patas, pero nunca con dos, se han visto casos de perros a los cuales se les coloca en andadores pero dada la naturaleza gatuna tal proceso era imposible en Oscar. Luego de mucho batallar sus dueños se enfrentaban a una dificil elección: conseguir patas nuevas para Oscar o ponerlo a dormir para evitar su sufrimiento (ahí no concuerdo, la vida es preciosa, más que cualquier muerte digna). Luego de tres horas de operación las patas ortopédicas, basadas en la misma tecnología que usa el atleta para olimpico Oscar Pistorius (otro Oscar con una gran historia), fueron colocadas en su sitio y ahora Oscar puede volver a desplazarse, correr e incluso trepar aunque está destino a ser un gato de casa, ya que su procedimiento no está pensado para que el lo use en el jardín.
Oscar, el mensajero de la muerte
Para Oscar la fama llegó en el 2007 cuando se descubrió que tenía una peculiar habilidad. Oscar vive (aun está ahí) en la Steere House Nursing and Rehabilitation Center de Rhode Island (Estados Unidos) y todo salió a la luz cuando David Dosa, un geriatra y profesor de la Universidad de Brown escribió un artículo acerca de él en la revista New England Journal of Medicine titulado “Un Día en la Vida de Oscar”. De acuerdo al artículo, Dosa había podido comprobar de manera empírica que Oscar tenía la habilidad de predecir la muerte de los pacientes del centro geriátrico, para ello Oscar escogía para pasar la noche de aquellos pacientes terminales, seleccionando aquel cuya muerte resultaba ser la siguiente. El tema es que el gato no falla una y cada vez que Oscar, miembro de un equipo terapeútico para pacientes ancianos y terminales, caminaba por el pasadizo rumbo a una cama (verlo debe ser escalofriante) no le queda dudas al personal del centro que alguien va a morir pues a la fecha que se publicó el artículo los aciertos del gato habían sido 25. Las explicaciones han sido abundantes e incluso hemos visto la dramatización del caso en la quinta temporada del drama médico House M.D., aunque el propio Dosa planteó la pòsibilidad que Oscar fuera muy sensible a la ketona, un compuesto químico resultante de la muerte celular; curiosamente en la serie de TV, House planteaba la hipotesis que lo que el gato buscaba era el calor humano, el cual en el caso de los pacientes agonizantes es más alto. Las investigaciones de Dosa fueron recopiladas luego en un libro titulado “Making Rounds With Oscar: The Extraordinary Gift of an Ordinary Cat”.

































































