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Los “Love Hotel” japoneses: mucho más allá del simple telo de veinte lucas
Quien no ha visto, mientras se aburre en el transporte público al mismo tiempo que es torturado por música mala a todo volumen, la cantidad de hostales que hay por nuestra ciudad. Y aunque nadie lo dice en voz alta, todos sabemos exactamente para que se usan estos locales en realidad, en vez de cumplir su supuesta función original: dormir. Pues bien, como en casi todas sus cosas comparadas con sus pares occidentales, el equivalente japonés de los hostales (o los moteles de carretera) tienen ese toque desoncertantemente marciano que hace tan especiales a los ponjas y que a veces, solo a veces, me lleva a preguntarme si no sería bueno encerrarlos en una búrbuja gigante pues no vaya a ser contagioso. Los Love Hotel (“hoteles del amor”, pronunciado “rabu hoteru”) son usados exactamente para lo que han sido concebidos (a diferencia de aquí que oficialmente los hostales no son para los encuentros íntimos) y un japonés dificilmente cometería el error de entrar a ellos con la intención específica de dormir. Sus accesos siguen siendo discretos (pero sus carteles no tanto), además que suelen agruparse en zonas específicas claramente conocidas por todos (como Dogenzaka, Shinjuku o Shibuya o simplemente a las afueras de la ciudad). Siendo entonces tan obvia su función, en la mayoría de ellos se optó por mejorar la experiencia de sus clientes ofreciendo cuartos especiales, digamos “temáticos”, con el fin de satisfacer a los potenciales consumidores. Curiosidad de curiosidades, los mismos japoneses estiman que una buena parte de la clientela son principalmente parejas casadas que buscan así un poco de tranquilidad lejos de un hogar demasiado transitado, o simplemente algo de diversión adicional en alguna de las habitaciones temáticas (que todo vale a la hora de avivar el fuego del amor), luego jóvenes parejas que no tienen sitios adecuados para la intimidad (osea como aquí pero en japonés), además de la obvia prostitución o el enjo kosai (“citas por compensación” otra de esas cosas peculiares que hay por allá). ¿Y de qué son los temas, si es que se puede saber? oh, hay de todo un poco: salones de colegios, bibliotecas, secuetro extraterrestre (?), enfermería, caballitos (literalmente), trenes, ring de boxeo, selva, oficinas, fondo del mar, barcos, nave espacial, set de grabación de una porno, mucho pero mucho BDSM (pero ligero, más que nada para los curiosos) y por supuesto no se pierdan el de Hello Kitty. Y den por sentado que los cuartos temáticos incluyen un “cosplay” adecuado para la ocasión (principalmente para ellas) además de control remoto para las luces, la tele (con centenares de canales), el aire acondicionado; y tienen también conexión a internet (muchos con su propia PC en el cuarto), música y en algunos casos vending machine (dispensadoras) para todo el tema de protección y recreación sexual (si, es una máquina que vende condones y juguetes sexuales). Démosle una mirada a una galería con algunos destacables ejemplos de creatividad y… dejémoslo en creatividad a secas:
Se estima que estos locales superan los 20,000 establecimientos (en todo Japón… ¿eso es mucho o poco?) aunque una muy reciente legislación a favor de la moral pública los ha obligado a bajarle al entusiasmo afirmando que una buena cama giratoria o quizás un potro de tortura es “too much” para el rubro hotelero; y por ello muchas de las instalaciones de decorados excéntricos han sido desmanteladas en pro de habitaciones más solapas y discretas (y aburridas, ya puestos). Conocidos también como Romance Hotel, Fashion Hotel o Boutique Hotel se dice que el nombre Love Hotel viene desde los setenta a raíz de un famoso hotel en Osaka llamado Hotel Love, el cual tenía un gran cartel luminoso en el techo, lo cual demuestra que los japoneses son pacatos para unas cosas y muy liberales para otras (además “bisnes son bisnes”). Tanto popular se hizo el hotel con su cartel gigantesco que todo el concepto acabó llamándose así. Al igual que por aquí, los love hotel se alquilan por horas (unos 40 dólares) o una noche entera (unos 80 dólares) pero para tomar una noche completa solo se puede hacer pasadas las diez de la noche (además no todos los hoteles rentan para toda la noche). De hecho esto se extiende a la idea que una vez que la pareja ingresó a la habitación no puede volver a salir (supongo que hay casos especiales: un buen terremoto o un colorido incendio) pues esto supondría que ya “terminaste” y te vas; por lo mismo estos locales no suelen hacer reservaciones. Otra cosa curiosa es que la interacción entre los clientes y el personal es todo lo mínima posible, llegando las parejas clientes incluso a seleccionar la habitación utilizando tableros electrónicos, pagando con tarjeta y accediendo a la habitación sin usar llaves, ya que la puerta se abre cuando pagas. Como dije, los Love Hotel han empezado (quizás) el camino a su extinción como se conocían, pero dos libros de fotografías, Love Hotels de Misty Keasler y Satellite of Love de Kyoichi Tsuzuki, puede que le permitan a nuevas generaciones ver como se armaba el rollo en estos tiempos. Veamos ahora un video con la señorita Kyoichi, quien cámara en mano descubre los secretos de estos hoteles del amor a un sorprendido extranjero:
































































