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Zoids Genesis: el regreso al planeta Zi
Mi relación con los Zoids resultó siendo de larga data, casi desde que tengo uso de razón (o memoria, que para el caso es lo mismo). Resulta que siendo muy chico tenía un juguete con unos curiosos chupones que sujetaban sus patas en su sitio, con un piloto sin color y un curioso mecanismo de cuerda que le permitía caminar tambaleándose; un juguete diferente a todas mis demás cosas y del que no puedo recordar de donde salió. Bueno, tenía siete años, que quieren. Y casi dos décadas después, cuando en SUGOI me encargaron escribir un artículo acerca del estreno del anime Zoids: Chaotic Century en la tele nacional, oh, sorpresa, en el catálogo de Zoids que la revista compró online para mi documentación, allí mismo en la sección del primer lanzamiento estaba mi juguete, muy tieso pero tal como lo recordaba. Huelga decir que durante la redacción del artículo me mandé traer por eBay un Blade Liger, un Geno Breaker, un Lightning Saix… y el Comando Wolf me lo compré en Wong. Y después de ver esta serie ya se que cosa quiero pedirle a Papa Noel. Bueno, centrándonos en la cuarta serie de anime de esta franquicia, Zoids Genesis, hay que decir que la serie, como las anteriores, está creada para el lucimiento de los modelos para armar antes que cualquier otra cosa. Eso no quiere decir que sea mala, pero si que si no eres muy fan de los Zoids y del mecha puede que no te guste mucho, y hasta que te paresca un poco tonta en sus líneas generales. Y es que es un show mecha, en donde salvo claras y conocidas excepciones, todo se arregla en base a la potencia de tu unidad comparada con la de los malos. Además que ciertos conocimientos previos de que es un Zoid y como funcionan son más o menos necesarios para disfrutarla mejor. Fuera de eso Zoids: Genesis recupera la fórmula de la serie original poniéndonos a un niño piloto muy entusiasta, en un viaje con un poderoso Zoid que lo ha elegido como piloto, acompañado de un grupo variopinto de pilotos y sus zoids, en una lucha contra una nación militar en un mundo que ha retrocedido gravemente en su tecnología, en comparación a los Zoids que aun andan en él. Mucho discuten los aficionados acerca de si esta serie es antes o despúes de la primera serie (literalmente el centro de todo el universo zoid) o si siquiera ocurre en Planet Zi, el único mundo del universo que vio aparecer en él el “metal viviente” con que se fabrican los zoids. Yo pienso que si ocurre en Zi y que ocurre miles de años en el futuro, mucho más allá de Zoids: Zero o Zoids: Fuzors (la segunda y tercera serie) básicamente por la aparición de algunos tipos de zoids, pero este argumento puede usarse a la inversa, así que en el fondo quien sabe. Y las cosas empeoran si consideramos que las series de TV se contradicen entre ellas y todas juntas se contradicen con la historia de los juguetes, la cual solo con paciencia (y un calzador) puede hacerse encajar con las dos temporadas de la primera serie. Del lado técnico, y como todas sus predecesoras, la serie cumple brillantemente al retratar a los zoids, digamos, en todo su esplendor. Del lado narrativo lo hace bastante bien, pero quienes vieron la primera serie no podrán dejar de notar las claras similitudes entre los personajes y las situaciones (pero aclaro que andó por el episodio 15 de 50).
El planeta Zi ha sido devastado completamente en una gran batalla entre ejércitos de zoids que concluyó con un desastre natural que es conocido como la “furia de Dios”. Todo quedó destruido y los sobrevivientes retrocedieron en su desarrollo tecnológico, perdiéndo las maravillosas técnicas que permitieron el control de los zoids, los cuales, muchas generaciones después, son manejados casi por instinto. En el planeta Zi actual, aldeas y ciudades basan su subsistencia en los “generadores”, inmensas plantas bioenergéticas que proveen sustento y combustible para los zoids, los cuales son rescatados por los aldeanos para sus labores. En la aldea pesquera de Mirrod, el joven Ruuji Familon y su familia descubren un zoid inoperativo en el fondo del mar y lo rescatan, solo para presenciar como la aldea es atacada por las fuerzas militares de Digald, las cuales necesitan la energía de los generadores para alimentar sus biozoids. En medio del ataque, Ruuji cae dentro de la cabina del zoid recién rescatada y este se activa atrayendo hacia él la gigantesca espada que adornaba el templo del pueblo. Pero una cosa es activar un zoid y otra muy distinta poder combatir con él.
Las redondeces de Ueyama Michirou
Una rápida mirada nos aclara que parte de la anatomía femenina es la preferida de Ueyama Michirou. Bueno, justo veníamos hablando de la preferencia por Sora Aoi debido a sus atributos físicos así que este ilustrador no hace más que demostrar que un pecho prominente es del gusto masculino en cualquier latitud del mundo. Curiosamente, es este mismo ilustrador quien dos décadas atrás trabajo el manga de Zoids (una serie de mecha de la que soy muy fan). Su trabajo es bastante colorido y simple, y en algunos casos esta basado en fotografías de libros gravure, sobre la cual compone su ilustración produciéndose un efecto curioso (como en la imagen con la que inicia este post). Para ver más ilustraciones de este ilustrador tenemos su blog oficial y su perfil en danbooru. Provecho con los “globos del cielo”, como diría Pedro Suarez Vertiz.



































































